jueves, 3 de febrero de 2011

VAGANCIA Y PERDIDA DE TIEMPO

Hay personas que con su ejemplo de oración constante  y perseverancia en el Santísimo son ejemplo en mi vida. Recuerdo siempre a una hermana llamada Rosario de Mora (qepd), mujer de oración, perseverancia y fe.

Muchas veces le encontraba en el Santísimo orando, y un día le decía, al salir: Chayito, usted siempre orando, si Padrecito, me decía, aunque dice mi marido que eso es vagancia y pérdida de tiempo, mas no se da cuenta que desde aquí le pido a Dios por él, por mis hijos y hasta por usted, así que pídale a Dios que siempre esté aquí.

Y una Mayra, amiga me envió este testimonio de Mons. Fulton Sheen: LA HORA SANTA, que viene a coronar y hacerme ver lo que la Chayito hacía religiosamente todos los días.

"Primero, LA HORA SANTA NO ES UNA DEVOCIÓN; es una participación en la obra de la Redención.
En el Evangelio de San Juan, Nuestro Santísimo Señor usó las palabras hora y día en dos connotaciones totalmente diferentes. Día pertenece a Dios; la hora pertenece al maligno. Siete veces en el Evangelio de San Juan, se usa la palabra hora, y en cada instancia se refiere al demonio, y a los momentos en los que Cristo ya no está en las Manos del Padre, sino en las manos de los hombres. En el huerto de Getsemaní, Nuestro Señor contrastó dos horas – una era la hora del mal esta es vuestra hora – con la que Judas pudo apagar las luces del mundo. En contraste, Nuestro Señor preguntó: ¿No pueden velar una hora Conmigo? En otras palabras, Él pidió una hora de reparación para combatir la hora del mal; una hora de unión víctima con la Cruz para sobreponernos al anti-amor del pecado.

En segundo lugar, la única vez que Nuestro Señor les pidió algo a sus Apóstoles, fue la noche de su agonía. No se lo pidió a todos... tal vez porque sabía que no podía contar con su fidelidad. Pero al menos esperaba que tres le fueran fieles, Pedro, Santiago y Juan. Desde ese momento, y muy seguido en la historia de la Iglesia, el mal está despierto, pero los discípulos están durmiendo. Es por eso que de Su angustiado y solitario Corazón salió el suspiro: ¿No pueden velar tan solo una hora Conmigo?. ÉL NO ROGABA POR UNA HORA DE ACTIVIDAD, SINO POR UNA HORA DE COMPAÑÍA.

La tercera razón por la que mantengo la HORA SANTA es para crecer más y más a semejanza de Él. Como lo plantea san Pablo: Nos transformamos en aquello en lo que fijamos nuestra mirada. Al contemplar el atardecer, la cara toma un resplandor dorado. Al contemplar al Señor Eucarístico una hora, transforma el corazón de un modo misterioso, así como el rostro de Moisés se transformó luego de Su compañía con Dios en la montaña. Nos pasa algo parecido a lo que les pasó a los discípulos de Emaus, el domingo de Pascua por la tarde, cuando el Señor los encontró. Él les preguntó por qué estaban tan tristes, y después de pasar algún tiempo en Su presencia, y oír nuevamente el secreto de la espiritualidad –El Hijo del Hombre debe sufrir para entrar en Su Gloria– el tiempo de estar con Él terminó, y sus corazones ardían...

El objetivo de la HORA SANTA es fomentar un encuentro personal y profundo con Jesucristo. El santo y glorioso Dios nos invita constantemente a acercarnos a Él, conversar con Él, para pedirle las cosas que necesitamos y para experimentar la bendición de la amistad con Él. Cuando recién nos ordenamos, es fácil darnos por entero a Cristo, porque el Señor nos llena entonces de dulzura, de la misma manera en que una madre le da un caramelo a su bebe para animar su primer paso. El entusiasmo, sin embargo, no dura mucho; rápidamente aprendemos el costo del apostolado, que significa dejar redes y barcos, y contar mesas. La luna de miel termina pronto, como también el engreimiento de oír por primera vez aquel estimulante título de Padre.

El amor sensible o amor humano disminuye con el tiempo, pero el Amor Divino no. El primero concierne al cuerpo, que responde cada vez menos a los estímulos, pero en el orden de la gracia, la respuesta de lo Divino, a lo pequeño, los actos humanos de amor se intensifican.

NI EL CONOCIMIENTO TEOLÓGICO, NI LA ACCIÓN SOCIAL SOLA, SON SUFICIENTES PARA MANTENERNOS EN AMOR CON JESUCRISTO, A MENOS QUE AMBOS ESTÉN PRECEDIDOS POR UN ENCUENTRO PERSONAL CON ÉL.

Moisés vio la zarza ardiendo en el desierto que no se alimentaba de ningún combustible. La llama, sin alimentarse de nada visible, continuaba existiendo sin destruir la madera. Una dedicación tan personal a Cristo no deforma ninguno de nuestros dones naturales, disposiciones o carácter; sólo renueva sin matar. Como la madera se transforma en fuego, y el fuego perdura, así nos transformamos en Cristo y Cristo perdura.

He descubierto que lleva algún tiempo enfervorizarse rezando. Esta ha sido una de las ventajas de la Hora diaria. No es tan corta como para no permitir al alma abismarse, y sacudirse las múltiples distracciones del mundo. Sentarse ante Su Presencia es como exponer el cuerpo al sol para absorber sus rayos. El silencio en la HORA es como un tête-à-tête con el Señor. En esos momentos, uno no saca tanto oraciones escritas, sino que escucha más. No decimos: Oye, Señor, porque Tu siervo habla, sino Habla, Señor, que Tu siervo escucha...

Es imposible para mí explicar lo útil que fue la HORA SANTA para preservar mi vocación. La Escritura brinda una considerable evidencia para probar que un sacerdote comienza a fallar en su sacerdocio cuando falla en el amor a la Eucaristía. Demasiado seguido se asume que Judas cayó porque amaba el dinero. La avaricia es rara vez el principio del error, y la caída de un embajador. La historia de la Iglesia prueba que hay muchos con dinero que se han quedado en ella. El principio de la caída de Judas, y el fin de Judas, ambos giran en torno a la Eucaristía. La primera vez que se menciona que Nuestro Señor sabía quién era el que lo iba a traicionar, es al final del capítulo seis de san Juan, que es la anunciación de la Eucaristía. La caída de Judas llegó la noche que Nuestro Señor instituyó la Eucaristía, la noche de la Ultima Cena.

La Eucaristía es tan esencial para nuestra unión con Cristo, que ni bien Nuestro Señor la anunció en el Evangelio, comenzó a ser la prueba de fidelidad de Sus seguidores. Primero, perdió las masas, porque era muy duro en sus palabras, y ya no lo siguieron. En segundo lugar, perdió algunos de sus discípulos: Ellos ya no caminaron más con Él. Tercero, dividió su grupo de apóstoles, ya que aquí, Judas es anunciado como el traidor.

Por lo tanto, la HORA SANTA, más allá de sus beneficios espirituales, previno mis pies de deambular muy lejos. Estar atado a un Sagrario, la propia soga no es tan larga para encontrar otras pasturas. Esa tenue lámpara del tabernáculo, aunque pálida y difusa, tiene una misteriosa luminosidad para oscurecer el brillo de las luces brillantes.

La HORA SANTA se volvió como un tanque de oxígeno para revivir el soplo del Espíritu Santo en el medio de la sucia y hedionda atmósfera del mundo. Aún cuando parecía tan poco provechoso, y carente de intimidad espiritual, todavía tenía la sensación de ser al menos como un perro en la puerta de su amo, listo en caso de que me llamase.

La Hora, también, se volvió un magisterio, y una maestra, ya que aunque antes de amar a alguien debemos conocer a esa persona, sin embargo, después sabemos, que es el Amor el que aumenta el conocimiento. Las convicciones teológicas no sólo se obtienen de las dos coberturas de un libro formal, sino de dos rodillas sobre un reclinatorio ante un Sagrario.

Finalmente, haciendo una HORA SANTA cada día constituía para mí un área de la vida en la que podía predicar lo que practicaba. Muy pocas veces en mi vida prediqué ayunar en una manera muy rigurosa, ya que siempre el ayuno me pareció extremadamente difícil; pero podía pedirle a otros que hagan la Hora Santa, porque yo lo hacía...

Tengo el compromiso, ahora y te invito a ti también a orar con la Hora Santa. Y unidos en la oración entregarnos a Jesús en la oración

P. Oscar
padreoscar@avemariatv.com